La Confesión de Fe de Londres comienza su Capítulo 1. De las Sagradas Escrituras, con la siguiente declaración:
Las Sagradas Escrituras constituyen la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de la creación y de la providencia manifiestan de tal manera la bondad, sabiduría y poder de Dios que dejan a los hombres sin excusa, no obstante, no son suficientes para dar el conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación. Por lo tanto, agradó al Señor, en distintas épocas y de diversas maneras, revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su iglesia; y posteriormente, para preservar y propagar mejor la verdad y para un establecimiento y consuelo más seguros de la iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó poner por escrito esa revelación en su totalidad, lo cual hace a las Santas Escrituras muy necesarias, habiendo cesado ya las maneras anteriores por las cuales Dios revelaba su voluntad a su pueblo.
Este estudio es parte del Programa de Discipulado de Comunidad Cristiana Laguna Larga.
El desarrollo del contenido se encuentra en el libro Bosquejos de Doctrina Fundamental de Ernesto Trenchard.
Biblia es el nombre con el cual se designa desde muy antiguo las Sagradas Escrituras de la Iglesia Cristiana.
El nombre Biblia viene del griego a través del latín y significa "Los Libros".
La Biblia recoge y conserva, en forma escrita, la revelación que Dios ha dado de sí mismo en la historia y en la Persona de Su Hijo, haciendo posible su transmisión de una generación a otra.
Se debe tener en cuenta que la Biblia no es un libro científico (aunque la ciencia y la arqueología confirman su contenido) ni es un libro de historia (aunque la historia confirma sus hechos).
Es fácil encontrar alimento espiritual en la Palabra, pero es muy difícil interpretar debida y exactamente todas las partes de la Biblia. Los grandes principios para tal interpretación se llaman la hermenéutica, y su aplicación a determinados pasajes se llama exégesis (poner en claro). Las normas más importantes son las siguientes:
2 Timoteo 3:16: Toda la Escritura es inspirada por Dios...
La frase "inspirada por Dios" quiere decir que tiene el "soplo de Dios". De la forma en que este soplo divino dio vida a Adán, así también da valor y vida a escritos que, de otra manera, estarían muertos.
El énfasis está en que la inspiración penetra en las mismas palabras de las Escrituras. La inspiración verbal sostiene que la Biblia, en sus palabras originales, desde la primera hasta la última, es el registro exacto de la mente y voluntad de Dios tal cual quiso que fuese.
El énfasis radica en que el texto entero proviene igualmente de Dios. Plenario significa total. Historia, ciencia, genealogía, etc., son todos temas de inspiración.
Los inspirados mensajes orales de los profetas se pusieron por escrito por mandato y providencia de Dios, así que los documentos también son inspirados, y son éstos que el Señor y los apóstoles tenían delante al hacer las declaraciones que hemos anotado. Hay una clara descripción de la manera en que los mensajes fueron escritos en Jeremías 36:1-2 y Jeremías 36:32. También los libros históricos se relacionan con la autoridad de los profetas, según vemos en 1 Samuel 10:25 y 1 Crónicas 29:29.
La fuente de toda autoridad y de toda verdad se halla en el VERBO ENCARNADO. Él comisionó a los apóstoles y les hizo depositarios de la verdad en cuanto a Su Persona, obra y enseñanza, de modo que su autoridad apostólica se deriva de la del Señor mismo. Les indicó que la revelación tenía que completarse y les prometió el Espíritu para guiarles a toda verdad. Así que, anticipadamente, garantizó la inspiración del Nuevo Testamento. Los apóstoles sabían que Dios hablaba por medio de ellos, y esperaban que los creyentes obedeciesen Sus mandatos (1 Corintios 2:13; 1 Pedro 1:12; 2 Tesalonicenses 3:14; Juan 14:26, Juan 16:12-13).
Éste no es mecánico, como quien escribe a máquina, sino vital, como el de un director de una orquesta que produce los efectos que quiere de la totalidad de ella, respetando siempre las dotes especiales de cada músico. Así, en las Escrituras, la personalidad del autor humano no se aniquila, y el Espíritu aprovecha el carácter y los conocimientos de cada uno, como también las circunstancias en las que los escritos se produjeron.