Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad. Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura. 1 Timoteo 4:7-8 NBLA
Este estudio es parte del Programa de Discipulado de Comunidad Cristiana Laguna Larga.
Piedad: Afecto y respeto hacia Dios y los padres. Devoción.
Piedad (gr. eusebeia): Reverencia, respeto.
Según el Diccionario Vine de palabras en griego del Nuevo Testamento, eusebeia viene de eu, bien, y sebomai, ser devoto, denota aquella piedad que, caracterizada por una actitud en pos de Dios, hace aquello que le es agradable a él.
En el CAPÍTULO 2: EN QUÉ CONSISTE CONOCER A DIOS Y CUÁL ES LA FINALIDAD DE ESTE CONOCIMIENTO de Las Instituciones de Calvino bajo el título La verdadera piedad se encuentra la siguiente declaración:
Llamo piedad a una reverencia unida al amor de Dios, que el conocimiento de Dios produce. Porque mientras que los hombres no tengan impreso en el corazón que deben a Dios todo cuanto son, que son alimentados con el cuidado paternal que de ellos tiene, que Él es el autor de todos los bienes, de suerte que ninguna cosa se debe buscar fuera de Él, nunca jamás de corazón y con deseo de servirle se someterán a Él. Y más aún, sino colocan en Él toda su felicidad, nunca de veras y con todo el corazón se acercarán a Él. Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, I.2.2
En palabras sencillas, la piedad es conocer a Dios de tal manera que nuestro corazón responde con amor, respeto y dependencia de Él. Es reconocer que todo lo que somos y tenemos viene de Dios, y por eso vivir para Él, buscarlo y confiar en Él como nuestra mayor felicidad.
La piedad es vivir en amor y reverencia a Dios, reconociendo que Él es todo para nosotros y nuestra verdadera fuente de vida y felicidad.
Al igual que no se logra progreso intelectual sin años de estudio, ni se logra un buen estado físico sin un programa regular y constante de ejercicios y buena alimentación, no se logra la madurez espiritual sino con ejercicio espiritual. Las soluciones "mágicas" o instantáneas no existen en la santificación.
Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien, ejercítate en la piedad, pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera. 1 Timoteo 4:7-8 NVI
La piedad es necesaria para producir los cambios progresivos que el apóstol Pablo ordena en Efesios 4:22-24, reemplazando los vicios pecaminosos por virtudes cristianas.
La práctica de la piedad solamente es posible en el marco de la Iglesia. El crecimiento espiritual ocurre dentro del cuerpo de Cristo, en la comunión de los santos (Hebreos 10:24-25).
Nos ejercitamos para la piedad cuando nos congregamos con regularidad para escuchar atentamente la predicación de la Palabra de Dios. La piedad está arraigada en la verdad, por lo tanto, escuchar y someterse a la Escritura enseñada públicamente es un acto central de devoción.
Cantar a Dios de manera congregacional no es solo un preámbulo, sino un profundo ejercicio espiritual. En la alabanza adoramos a nuestro Creador y Redentor, reconociendo Su magnificencia y santidad junto a nuestros hermanos.
El fin de la piedad, como el de toda la vida cristiana, es la gloria de Dios. Esto requiere acciones deliberadas y constantes a lo largo de toda nuestra vida.
Es el principal ejercicio de la fe y el elemento primordial de la piedad. Oramos no solo para que Dios actúe, sino porque el solo hecho de hacerlo es obedecer a Dios. Orar disminuye el amor propio y multiplica nuestra dependencia del Señor, abarcando la alabanza, la gratitud y la intercesión.
No es solo el comienzo de la vida cristiana, sino el motor que la caracteriza desde el inicio hasta el fin. Consiste en un cambio de mente (metanoia) y acciones que implican mortificación (morir a uno mismo y al pecado) y vivificación (vivir la justicia en Cristo).
Esta es la dimensión sacrificial de la piedad (1 Tesalonicenses 5:22). Consiste en negar a nuestra carne los deseos ilícitos y recordar que ya no nos pertenecemos. Implica concentrar la atención en las cosas de arriba (Colosenses 3:1-3) y entregarnos a Dios como sacrificio vivo (Romanos 12:1-2).
Se enfoca en la semejanza externa a Cristo (Lucas 9:23-24). Llevar la cruz cada día implica negarnos a nosotros mismos y elegir la moderación, la modestia, la prudencia y el contentamiento frente a cualquier exhibicionismo o exceso carnal.
Como indica Pablo, la piedad "tiene promesa para la vida presente y también para la futura". Vivir piadosamente ordena nuestra vida terrenal bajo la bendición de Dios, pero especialmente nos prepara y nos hace anhelar nuestra patria celestial, despreciando la mundanalidad en favor de la eternidad.
La esencia de la piedad es la obediencia incondicional a la voluntad de Dios. Al igual que el rey Jotán se hizo poderoso porque "se propuso obedecer al Señor su Dios" (2 Crónicas 27:6), la fortaleza espiritual cristiana requiere una vida de obediencia continua.
No podemos obedecer aquello que no conocemos. Puesto que la única regla a la que nos debemos someter es la Palabra de Dios, dedicarnos diligentemente a su estudio es el punto de partida indispensable para crecer espiritualmente.
Meditar es fijar deliberadamente la mente en las verdades de Dios. Al igual que el salmista ("Todo el día es ella mi meditación", Salmo 119:97), esta disciplina limpia nuestros pensamientos, produce autoexamen profundo y conduce al verdadero arrepentimiento.
Una vida que reconoce que todo proviene del "cuidado paternal" de Dios —como decía Calvino— responde con generosidad. Quien ejerce la piedad utiliza sus recursos, tiempo y capacidades para servir desinteresadamente a Dios y a su prójimo.
El amor reverencial y la profunda gratitud hacia el Señor impulsan a la persona piadosa a testificar. Ejercitar la piedad incluye compartir activamente las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
No puedes vivir como discípulo de Cristo y practicar la piedad que agrada a Dios sin antes venir a Él. Solo el Señor puede capacitarte para ejercitarte para la piedad al darte perdón, vida nueva y su Espíritu Santo para entender su Palabra y obedecerle. Arrepiéntete de tus pecados y confía en Jesucristo como tu único y suficiente Salvador.
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Haz el estudio Cómo crecer. Un estudio sobre las disciplinas espirituales para el crecimiento del discípulo de Cristo.
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