Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Efesios 5:15-16
Mayordomía: Proceso de ser responsables con la propiedad de otra persona mientras se le ha encomendado a uno.
Nuestras vidas le pertenecen a Dios. Nuestros días están sabiamente predeterminados y establecidos por Dios. Eso significa que el tiempo que nos fue asignado debe ser correctamente administrado para la gloria de Dios.
He visto la tarea que Dios ha impuesto al género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva; y sé también que es un don de Dios que el hombre coma o beba, y disfrute de todos sus afanes. Sé además que todo lo que Dios ha hecho permanece para siempre; que no hay nada que añadirle ni quitarle; y que Dios lo hizo así para que se le tema. Lo que ahora existe, ya existía; y lo que ha de existir, existe ya. Dios hace que la historia se repita. Eclesiastés 3:10-15
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. Salmos 139:16
¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Mateo 6:27
Los días del hombre ya están determinados; tú has decretado los meses de su vida; le has puesto límites que no puede rebasar. Job 14:5
Nuestra vida debe estar orientada a Dios. En virtud de esa orientación se deben organizar las prioridades.
Recuerdo haber estado hablando a mi amigo hace unos años, acerca de nuestros hijos. Tenían entonces cinco y siete años, esa edad en la que papá lo es todo para ellos. Me hubiese gustado pasar más tiempo con ellos, pero estaba demasiado ocupado trabajando. Después de todo, quería darles todo lo que no había tenido cuando niño. Me encantaba la idea de llegar a casa y sentarlos en mi falda mientras me contaban lo que habian hecho ese día. Lamentablemente, la mayoria de las veces llegaba tan tarde que lo único que podía hacer era darles un beso cuando ya estaban dormidos. Es sorprendente lo rápido que crecen los niños. Antes de que pudiera notarlo, ya tenian nueve y once. Me hubiese gustado verlos competir en el colegio. Todos comentaban que eran excelentes, pero parece que los partidos estaban siempre programados cuando yo estaba en viaje de negocios o tenía compromisos especiales. Los niños nunca se quejaron, pero podia advertir la frustración en su mirada. Les prometía constantemente que tendria más tiempo "el año que viene". Pero cuanto más ascendia en la compañía, menos tiempo parecia disponer. De pronto, ya no tenian nueve y once, sino catorce y dieciséis. Eran adolescentes. No pude estar la noche en que mi hija salió a su primera cita. Tampoco estuve cuando mi hijo compitió en el torneo de básquetbol. Mi mujer me excusó y yo me las arreglé para telefonearles antes de que salieran de casa. Podía percibir la desilusión en sus voces, pero les expliqué los motivos lo mejor que pude. No me pregunte adónde se ha ido el tiempo. Esos pequeñitos tienen ahora diecinueve y veintiuno, y están en la universidad. No lo puedo creer. Mi trabajo me exige menos ahora, y por fin tengo tiempo para ellos. Pero ellos tienen sus propios intereses y no tienen tiempo para mí. Para ser sincero, estoy un poco herido. Parece apenas ayer cuando tenían cinco y siete. Daría cualquier cosa por volver a vivir aquellos años. Le puedo asegurar que lo haría distinto. Pero ellos ya se han ido, y con ellos, mi oportunidad de ser un verdadero padre. Tomado del libro El hombre frente al espejo, de Patrick M. Morley
Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al SEÑOR tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el SEÑOR bendijo y consagró el día de reposo. Éxodo 20:8-11
Como no es posible estar en dos lugares al mismo tiempo, ni hacer dos cosas en forma simultánea, la elección que hagamos cuando nuestra agenda entre en conflicto pondrá en evidencia aquello que para nosotros es prioritario.
Debemos tener una agenda de actividades organizada en forma predeterminada en función de nuestras prioridades.
Es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.
Solución: Hacer primero aquello que no nos agrada; luego, como auto recompensa por haber concluido la tarea desagradable, hacer lo que nos complace. Esto requiere el valor de dar la cara a las actividades estresantes.
Es un modo de eludir nuestra responsabilidad y justificar nuestra mediocridad. Tres cosas son ciertas en cuanto a las excusas:
✔ Si queremos encontrar una, la vamos a encontrar.
✔ Vamos a encontrar personas que las crean.
✔ Una vez dada, nada habrá cambiado.
Solución: No darlas. Debemos saber que una excusa es una mentira.
Esta incapacidad puede introducir estados de estres y ansiedad que generan pérdida de tiempo de la persona que no supo decir no, y de la persona que obtuvo la respuesta.
Solución: Decir no por defecto o tener una agenda organizada para consultar antes de comprometerse.
Esto se aprecia aún en cosas tan triviales como hacer las compras. Cuando las compras no se plifican, no se compra lo que se necesita, se compra lo que no se necesita, y esto al final concluye en pérdidas de tiempo para salir nuevamente a comprar y gasto innecesario de dinero.
Solución: Tener una agenda ordenada en base a metas y objetivos.
El disfraz más peligroso de la mediocridad.
Tiempo excesivo en las redes sociales.
El desorden puede ser tanto físico como organizacional. El desorden físico suele ser una expresión externa del desorden interior (desorden del alma, pensamiento e ideas).
Solución: Ordenar físicamente nuestros lugares de actividades. Hacer una lista de tareas pendientes organizadas por prioridades y hacer una cosa a la vez. Aquietarnos y buscar la paz del Espíritu.
Este es un vicio que no solamente afecta nuestro tiempo, sino también el del prójimo.
Solución: Ajustarnos a una agenda basada en prioridades. La impuntualidad está asociada al hecho de que se considera poco importante algún evento.
Toda persona que está siendo aconsejada o discipulada debe mostrar cambios. Si la persona no cambia o
no muestra progreso espiritual es porque no está interesada en hacerlo. La persona debe cambiar por dos razones:
✔ Amor a Dios
✔ Respeto a aquel que le está dedicando de su tiempo
Solución: Tengamos mucho cuidado de no estar desperdiciando nuestro tiempo con personas que no tienen ningún interés en Cristo.
Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza (gr. pistos), que a su vez estén capacitados para enseñar a otros. 2 Timoteo 2:2
Pistos: Confiables, fieles. Personas que ellos mismos muestran confianza en la transacción de negocios, en la ejecución de encargos, y en el cumplimiento de deberes oficiales.
Debemos dedicar nuestro tiempo a hombres fieles.
Organizar una agenda en la que se priorice el ejercicio para la piedad.
Ver el siguiente video, que consiste en un sermón de
Steven Lawson
acerca de Jonathan Edwards,
y responder las preguntas que se encuentran debajo.
NOTA: Todas las respuesta a las preguntas se obtienen del video. Por tal razón se
recomienda leer antes las preguntas y luego ver el video estando atento para encontar
las respuestas.
Leer los siguientes artículos de Coalición por el Evangelio:
✅ Fuiste hecho para más que una vida de comodidad y entretenimiento
✅ Usa tu cerebro (para la gloria de Dios)