...porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que lo buscan. Hebreos 11:6
Este estudio es parte del Programa de Discipulado de Comunidad Cristiana Laguna Larga.
Las «pruebas» que aduce la teología natural como evidencia de la existencia de Dios son interesantes e importantes en su debido lugar, pero las Escrituras no argumentan nunca sobre esto, sino que dan por sentado el gran Hecho, y empiezan con la sublime declaración: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Los hombres, limitados en sus conocimientos y en su capacidad, no disponen de medios para contestar adecuadamente a la pregunta: «¿Existe Dios?», y les conviene preguntar con humildad de corazón: «¿Ha hablado Dios?» Esto permite que Dios se revele, y la naturaleza de su revelación demuestra que es divina, y nos trae al corazón la profunda convicción de que Dios existe.
El mismo Señor Jesús nos dio a conocer el hecho fundamental de la naturaleza de Dios al declarar a la mujer samaritana: «Dios es Espíritu» (Juan 4:24). Es decir, no está sujeto a lo material ni a lo temporal: elementos que hallan en Él su origen. Cuando los escritores inspirados del Antiguo Testamento hablan del «brazo de Jehová», hemos de entender, desde luego, que emplean una figura material para ayudar a nuestra pobre y limitada comprensión, y que el «brazo» equivale a la poderosa operación de Dios, etcétera.
Dios es ETERNO, sin principio ni fin, cuya explicación se halla sólo en su misma Persona, sin referencia a ninguna causa anterior: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14). Juan declara, además, que «Dios es Luz» (1 Juan 1:5), expresión que incluye todos los atributos de perfección moral, tales como la pureza, la santidad, la justicia, y todo en grado infinito. La mayor gloria de la revelación cristiana se halla en otra declaración del mismo apóstol: «Dios es amor» (1 Juan 4:8 y 16), y el amor es la fuente y origen de toda Su obra de redención.
Dios es omnisciente porque nada se le esconde del pasado, presente o del porvenir, y omnipresente porque está en todas partes (Salmo 139:1-12; Hebreos 4:13). También es omnipotente porque la operación de Su potencia no conoce límites externos a sí mismo; pero, desde luego, Dios ha de ser fiel a Su propia naturaleza, y no puede obrar arbitrariamente. Los hombres preguntan: «Si Dios es omnipotente, ¿por qué no interviene para impedir las guerras, los desastres, etc.?» La intervención directa de Dios en justicia supone el juicio sobre los rebeldes, y los mismos desastres permitidos son, a menudo, un medio de misericordia para quitar del hombre su confianza carnal y hacerle buscar el bien en Dios.
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). «Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles» (Hebreos 11:3; Apocalipsis 4:11, etc.). Pudo haber empleado medios y métodos dentro de los cuales cabe algo de lo que dicen los científicos, pero lo esencial es que nada existe fuera de Él, y que tanto el mundo material inorgánico, como el mundo vegetal y animal son obra de Sus manos. El hombre fue una creación especial a la imagen de Dios, destinado a ser cabeza de la creación material.
Significa que Dios sostiene y gobierna el mundo que Él ha creado, y esto incluye las actividades de los hombres. Dios no es responsable del pecado, que se introdujo en este mundo por la mala elección de Adán (Romanos 5:12), pero ordena las consecuencias de las obras malvadas de los hombres para adelantar Su plan en orden al mundo (Hechos 2:23; 4:28; Salmo 135:6; Daniel 4:32; Jeremías 27:5).
La palabra «Trinidad» no se halla en la Biblia, pero eso no quiere decir que sea un mero término teológico. Se deduce claramente de las Escrituras que Dios es UNO en esencia y sustancia, al par que existe en tres Personas distintas desde la Eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hay un indicio de esta misteriosa «pluralidad en la unidad» en la palabra hebrea Elohim, traducida por «Dios» (Génesis 1:1), que es un sustantivo plural empleado con el verbo en singular.
Pero hallamos el pleno desarrollo de la doctrina en las palabras del mismo Señor. Si consideramos Su discurso en el cenáculo (Juan capítulos 14 a 16) vemos que habla de «ir al Padre» y de «rogar al Padre», al mismo tiempo que declara a Felipe que cualquiera que le ha visto a Él ha visto al Padre también. Si a estas declaraciones añadimos la de Juan 10:30 («Yo y el Padre somos uno»), vemos que hay igualdad de esencia con una distinción de Personas. La «fórmula bautismal» de Mateo 28:19 implica lo mismo, ya que hay un «Nombre», pero es el del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esta «Trinidad en la unidad» no se inició con la encarnación, sino que existía desde toda la eternidad (Juan 1:1; Génesis 1:2; etc.).
Zofar indicó la dificultad de que el hombre llegase a conocer a Dios en su pregunta a Job: «¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?» (Job 11:7). La mente carnal es incapaz de comprender a Dios. Las investigaciones científicas se limitan forzosamente a lo material, y los sabios carecen de datos para poder penetrar en el secreto de la realidad espiritual, que se esconde detrás de la apariencia de lo que se percibe por los sentidos. Ha de ser Dios mismo, pues, por su propia iniciativa, quien levante el velo. Esto es lo que quiere decir la palabra «Revelación»: «Descorrer un velo para poner de manifiesto lo que antes fue escondido».
A. Por las obras de Dios en la naturaleza (Salmo 19:1-6; Romanos 1:20). En Romanos, Pablo insiste en que los idólatras quedaban sin excusa, ya que Dios había revelado «Su eterno poder y deidad» a los hombres por medio de Sus obras en la creación. Esta revelación en Sus obras puede ser un principio de luz, pero no nos basta, pues no revela el amor de Dios ni señala ninguna provisión para la salvación del hombre pecador.
B. En la historia. Toda la historia de Israel en el Antiguo Testamento, y de la Iglesia en el Nuevo Testamento, es una revelación de Dios. «Mi Padre hasta ahora trabaja, y Yo trabajo», dijo el Señor (Juan 5:17). Los salmistas y los profetas apelan constantemente a esta revelación para llamar al pueblo al camino de la obediencia. Estúdiense los Salmos 105 y 106.
C. Por mensajeros divinamente inspirados. Éstos son los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testamento.
D. En Su Hijo (Hebreos 1:1-3). Ésta es la revelación máxima y final que Dios ha dado de sí mismo. «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria...» (Juan 1:14 y 18). Tanto el corazón como el pensamiento de Dios se manifiestan en un hombre y en las circunstancias de una vida humana. La revelación llega a su punto máximo en la Cruz y la Resurrección.
E. En la Biblia. La revelación en la historia y en el Hijo se da a conocer por medio de un Libro Escrito, la Palabra de Dios.
A la revelación externa ha de corresponder una revelación interna, que es obra del Espíritu Santo dentro de nosotros, quien la imprime en nuestro corazón. Las condiciones que transforman la revelación externa en la interna son el arrepentimiento y la fe (Gálatas 1:16).
Dios se ha revelado a la humanidad, pero el pecado ha cegado el entendimiento del hombre, haciéndole imposible conocer verdaderamente al Creador por sus propios méritos o intelecto. Esta comprensión espiritual es una obra exclusiva del Espíritu Santo en el corazón humano. Por lo tanto, hoy se te extiende un llamado urgente: arrepiéntete de tus pecados y reconoce tu necesidad de perdón. Cree en Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió por ti y resucitó para darte vida eterna. Solo a través de esta fe genuina, el Espíritu Santo vendrá a morar en ti, abriendo tus ojos a la gloriosa realidad de Dios y transformando tu existencia para siempre. ¡No ignores Su voz hoy!
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