Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. Romanos 3:21-26 RVR60
Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. Romanos 3:21-26 NVI
Según el uso de los griegos, propiciación significaba «aplacar la ira y ganar el favor», generalmente de alguna divinidad que se suponía ofendida, por medio del sacrificio de los dones del adorador. El uso de expiación es parecido, ya que indica «borrar una culpa por medio de un sacrificio». La palabra «expiar» (o «hacer expiación»), que se emplea con tanta frecuencia en relación con los sacrificios levíticos, representa la voz hebrea kaphar que, en su sentido literal, es «cubrir». El significado es que Dios no «veía» las culpas a través de la sangre que le hablaba del sacrificio del Calvario. La tapa de oro que cubría el Arca del Pacto (Éxodo 25:17-22) se llamaba «el propiciatorio», o sea, «aquello que cubría»; por la misma razón, pues, Jehová no veía las Tablas de la Ley que condenaban al pueblo sino a través de la sangre salpicada en el propiciatorio en el Día de las Expiaciones (ver el capítulo 16 de Levítico).
Haz un propiciatorio de oro puro, de un metro con diez centímetros de largo por setenta centímetros de ancho, y también dos querubines de oro labrado a martillo, para los dos extremos del propiciatorio. En cada uno de los extremos irá un querubín. Hazlos de modo que formen una sola pieza con el propiciatorio. Los querubines deberán tener las alas extendidas por encima del propiciatorio, y cubrirlo con ellas. Quedarán el uno frente al otro, mirando hacia el propiciatorio. Coloca el propiciatorio encima del arca, y pon dentro de ella la ley que voy a entregarte. Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del pacto. Desde la parte superior del propiciatorio te daré todas las instrucciones que habrás de comunicarles a los israelitas. Éxodo 25:17-22 NVI
Para comprender mejor el sentido normal de la palabra «propicar», podemos considerar la manera en que Jacob se afanó por aplacar la ira de su hermano ofendido, Esaú, por medio de presentes (Génesis 32:13-20). Mandó varios grupos de sus siervos por delante llevando una gran riqueza de ganado, y luego, hablando consigo mismo, dijo: «Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro; quizá le seré acepto.» Había cometido la falta de robar la bendición paterna de su hermano, excitando así la ira de Esaú, y ahora quiere apaciguar su ira mediante presentes para granjearse el favor del hermano que pudo más que él.
La ira de Esaú pasó pronto, y las divinidades de las gentes no son dioses, pero el Dios verdadero es un Dios de justicia absoluta e inflexible por Su misma naturaleza, de modo que Su justa ira en contra del pecador no puede aplacarse mediante los dones y los esfuerzos carnales del hombre. ¿Cómo, pues, puede ser propiciado? ¿Por qué medio se ha de expiar la culpa del hombre que tanto ofende a Su santidad? ¿Cómo se ha de satisfacer una justicia que es inflexible?
La solución del dilema se halla en la Cruz, donde la justicia de Dios se satisfizo y la fea mancha del pecado quedó borrada por la ofrenda de Cristo, hecha una sola vez (Hechos 9:28; Romanos 3:25). El Sacrificio es sumamente eficaz, y todo el concepto se eleva infinitamente por encima de las ideas equivocadas de las gentes, por las razones siguientes:
Téngase en cuenta que, cuando las Escrituras hablan de la propiciación y la redención por la SANGRE DE JESUCRISTO, quiere decir «la vida de Cristo, en su infinito valor, dada enteramente en expiació sobre el altar de la Cruz». El significado del sagrado símbolo se aclara mucho en el capítulo 17 de Levítico, especialmente en el versículo 11: «porque la vida de la carne en la sangre está, la cual os he dado para hacer expiación en el altar por vuestras almas; porque la sangre, en virtud de ser la vida, es la que hace expiación» (Versión Moderna). Por eso, «sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (Hebreos 9:22).
El apóstol Juan declara:
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 1 Juan 2:2 RVR60
Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo. 1 Juan 2:2 NVI
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10 RVR60
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. 1 Juan 4:10 NVI
De igual forma, el Bautista declara:
¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! Juan 1:29 NVI
Esto quiere decir que la justicia de Dios queda satisfecha por la ofrenda de la Cruz, en orden a todos los pecados del pasado, del presente y del porvenir. Desde luego, el alcance universal de la propiciación no indica que todas las almas han de ser salvas, sino que es posible que todas sean salvas si aceptan las condiciones del Evangelio: el arrepentimiento y la fe. Si resisten al Evangelio, se excluyen automáticamente de la salvación. Hay expresiones en el griego del Nuevo Testamento que indican que Cristo murió a favor de todos, pero en lugar de muchos, pues solamente los creyentes le reciben como su sustituto. La debida actitud del hombre pecador es la del publicano en el Templo, quien, con un hondo sentido de su necesidad, exclamó:
Dios, sé propicio a mí, pecador. Lcucas 18:13 RVR60
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