Lección 14: La regeneración o el nuevo nacimiento

—De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios —dijo Jesús. Juan 3:3 NVI

Contenido

Desarrollo

Definición

Este término, la «regeneración», es la aplicación de la figura del nacimiento humano a la esfera espiritual. Hubo un momento en que empezamos a vivir en este mundo, y, de igual forma, hubo necesariamente un momento en que el creyente, antes «muerto en delitos y pecados», empezó a vivir espiritualmente. La palabra más frecuente en el Nuevo Testamento es «engendrar», refiriéndose a Dios como Fuente de la vida nueva, y «engendrado», en relación con el ser que ha recibido la vida. Es muy frecuente en los escritos del apóstol Juan, y se traduce a menudo en la versión Reina-Valera por «nacer» y «nacido».

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13 RV1960
Si reconocen que Jesucristo es justo, reconozcan también que todo el que practica la justicia ha nacido de él. 1 Juan 2:29 NVI

Ver también 1 Juan 3:9; 4:7; 5:1, 4 y 18.

La necesidad del nuevo nacimiento

Las Escrituras no enseñan que el hombre caído guardara un pequeño residuo de vida espiritual, que pudiera desarrollarse en una vida completa por sus propios esfuerzos o por los de otros seres humanos. Antes, al contrario, declaran que el hombre caído se halla en un estado de muerte espiritual.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Efesios 2:1-3 NVI

La personalidad humana persiste, desde luego, como también la posibilidad de una nueva vida; pero ésta ha de recibirse de Dios por los medios que Él mismo determina.

Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo. Tito 3:4-5 NVI

De ahí la conocida declaración del Señor a Nicodemo: «Os es necesario nacer otra vez.» La carne solamente puede engendrar «carne», y sólo el Espíritu puede producir lo espiritual (Juan 3:6).

La fuente de la vida nueva

El apóstol pedro declara: «Dios… nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 Pedro 1:3). La resurrección del Señor presupone Su muerte expiatoria. Por Su muerte, que fue la muerte de todos, el Salvador quitó el gran obstáculo que impedía la manifestación de la vida. Por Su resurrección, Cristo «quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio» (2 Timoteo 1:10). Los infintos tesoros de la vida de resurrección están ya a la disposición de todo creyente.

El medio de la regeneración

Ya hemos visto que sólo Dios puede dar la vida, de la cual es fuente y origen, y que ha hecho posible su transmisión en la obra salvadora de Cristo (Juan 1:12-13).

Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación. Santiago 1:18 NVI

Ahora bien, existen condiciones de parte del pecador que se señalan claramente en las Escrituras.

  1. La semilla es la Palabra de Dios: «Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanence para siempre» (1 Pedro 1:23; Santiago 1:18). Es el mensaje divino que llega a los oídos y al corazón del pecador por el testimonio del Evangelio el que puede transmitir la vida.
  2. Solamente el Espíritu vivificador puede hacer germinar la semilla de la palabra.
    —Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios —respondió Jesús—. Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo.” El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu. Juan 3:5-8 NVI
  3. De parte del hombre las condiciones son el arrepentimiento y la fe. El significado de la palabra «agua» en Juan 3:5 es muy discutido. Descartamos en seguida la idea de la «regeneración bautismal» por el agua del bautismo, por ser contraria a lo más esencial de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Podría ser símbolo de la «Palabra», como en Efesios 5:26, o una referencia al bautismo del arrepentimiento de Juan el Bautista, cuyo significado conocería perfectamente el «maestro de Israel». El «arrepentimiento» (metanoia) es «un cambio de mente, o de actitud» de parte del hombre; vuelve las espaldas al pecado y dirige su rostro a Dios. Entonces, positivamente, se entrega con fe al Salvador presentado en el mensaje del Evangelio, y el Espíritu de Dios vivifica la «Palabra» y se crea en la personalidad del hombre una nueva vida, que es «engendrada de Dios». El modo del nuevo nacimiento se explica en lo restante del capítulo 3 de Juan.

Las consecuencias del Nuevo nacimiento

  1. Una nueva relación con Dios. (Juan 1:12) Se ha conferido al creyente una nueva dignidad: la de ser hijo de Dios y pertenecer a la familia del Altísimo. Solamente los «engendrados» tienen derecho a mirar a Dios y llamarle «padre nuestro». Juan emplea el hermoso término de tekna (los «nacidos»), pues subraya el hecho de nuestra relación con el Padre por el nacimiento. Pablo se deleita en otra palabra: huioi (hijos conscientes y adultos), y generalmente la relaciona con nuestra adopción, que tiene que ver con nuestros privilegios y responsabilidades como hijos de Dios.
  2. Una nueva vida. La naturaleza, recibida de Dios, existe en nuestra personalidad al lado de la vieja naturaleza (la «carne» o «el Viejo hombre») heredada de Adán por el nacimiento natural, pero la nueva naturaleza debe prevalecer, y el apóstol Juan saca unas consecuencias profundas del hecho de ser engendrados de Dios:
    1. El engendrado de Dios no peca y vence al mundo (1 Juan 3:9; 5:4 y 18)
      Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. 1 Juan 3:9 NVI
    2. Implica la manifestación práctica de la justicia y del amor fraternal (1 Juan 2:29; 4:7).
      Si reconocen que Jesucristo es justo, reconozcan también que todo el que practica la justicia ha nacido de él. 1 Juan 2:29 NVI
      Pablo deduce la doctrina de la santificación del hecho de nuestra unión con Cristo en Su muerte y en Su resurrección (Capítulo 6 de Romanos).
      Juan la deduce del hecho fundamental de nuestra participación en la naturaleza de Dios (Compárese también con el punto de vista de Pedro).
      Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina. 2 Pedro 1:3-4 NVI

Tareas obligatorias

Ver el siguiente video:

Profundizar en la doctrina de la regeneración leyendo el artículo de Fabio Rossi que se encuentra en el sitio web Coalición por el Evangelio ¿Qué es el nuevo nacimiento?

Tarea recomendadas

En el siguiente video, a partir del minuto 26 y 30", Samuel Pérez Millos habla de tres acciones del Espíritu Santo. ¿Cuáles son esas tres acciones? ¿Qué es regenerar, según Samuel Pérez Millos?

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