Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 5:1 RVR60
La excelsa obra de la Cruz tiene múltiples facetas, y hemos de tener en cuenta que los grandes temas que estamos considerando en relación a ella revelan estas facetas a la medida de la comprensión de nuestra mente finita. La justificación por la fe —lema de la Reforma en el siglo XVI— presenta la obra de la Cruz desde el punto de vista jurídico, es decir: en relación con la santa Ley de Dios. El hombre pecador se presenta como un reo ante el alto tribunal de un Dios justo, y queda patente que ha quebrantado tanto la ley natural de la conciencia como la Ley claramente declarada en el Sinaí. El problema es éste: ¿Cómo puede Dios ser justo y el que justifica al pecador? La contestación se halla en la Cruz, y el creyente es declarado justo a los ojos de Dios. Esta declaración es la justificación por la fe.
La justicia es un atributo de Dios, y el hombre no sabría nada de esta «rectitud» esencial aparte de la revelación que Dios ha dado de sí mismo.
Declaren y presenten sus pruebas, deliberen juntos. ¿Quién predijo esto hace tiempo, quién lo declaró desde tiempos antiguos? ¿Acaso no lo hice yo, el SEÑOR? Fuera de mí no hay otro Dios; Dios justo y Salvador, no hay ningún otro fuera de mí. Isaías 45:21 NVI
Oí que el ángel de las aguas decía: Justo eres tú, el Santo, que eres y que eras, porque juzgas así Apocalipsis 16:5 NVI
Dios manifestó Su voluntad al hombre en estado de inocencia de una forma apropiada a su condición (Génesis 2:16-17) y, después de la Caída, no le dejó sin testimonio, sino que le habló por medio de la naturaleza y de la conciencia, siendo ésta la voz interna que acusa o excusa los actos del hombre (Romanos 2:14-15). Pero la plena manifestación de la voluntad de Dios para con los hombres fue dada en el Sinaí, donde Dios pronunció los diez mandamientos, y luego instruyó a Moisés con otros muchos preceptos complementarios. La Ley representa lo que Dios, en justicia, requiere de los hombres en las circunstancias actuales de la vida, y el mandamiento es siempre «santo y justo y bueno» (Romanos 7:12). Pero, bajo repetidas pruebas, se demostró que el hombre era incapaz de cumplir la justicia exigida por Dios, ya que su naturaleza pecaminosa siempre le arrastraba a la desobediencia. Una ley quebrantada no puede salvar a nadie, sino que condena inflexiblemente al infractor de ella. El que no la cumple, muere. Cuando Moisés, al ver que Israel había quebrantado la Ley en todos sus capítulos antes de recibirla en forma escrita, quebró las tablas de piedra al pie del Sinaí, señaló con ello, en forma simbólica, el fracaso del hombre ante las santas exigencias de la Ley divina (Ex. 32:19; Ro. 3:19; Gá. 3:10, etc.).
Cuando Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, ardió en ira y arrojó de sus manos las tablas de la ley, haciéndolas pedazos al pie del monte. Éxodo 32:19 NVI
Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Romanos 3:19 NVI
Todos los que viven por las obras que demanda la ley están bajo maldición, porque está escrito: «Maldito sea quien no practique fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley.» Gálatas 3:10 NVI
El Señor Jeuscristo, Hombre representativo, cumplió la Ley por medio de una vida perfecta. En el Calvario se colocó en el lugar del hombre pecador, en virtud de Su carácter representativo, y agotó la sentencia de la Ley por Su muerte. Así, la justicia de Dios quedó satisfecha y la santa Ley fue honrada.
El valor infinito del sacrificio de la Cruz, ofrecido en propiciación por nuestros pecados satisfizo la justicia de Dios.
En el Evangelio se revela una Justicia que Dios otorga al creyente, y éste es el gran tema de Romanos 1:16-5:21. El «corazón» del sublime asunto se halla en Romanos 3:21-26.
Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. Romanos 3:21-26 NVI
En vista de que el hombre era incapaz de procurar la justicia mediante la obediencia a la Ley, Dios tomó la iniciativa por Su gracia, mandando a Su Hijo, quien satisfizo las exigencias de la Ley en el Calvario.
El medio de conseguir la justicia otorgada por la gracia de Dios es la Fe, que, en el sentido bíblico, es la confianza total del hombre que, arrepentido de sus pecados, descansa en Cristo para la salvación de su alma. Sólo esta actitud del alma puede establecer contacto con Aquel que cumplió la Ley por nosotros para revestirnos de Su propia justicia.
Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. 2 Corintios 5:21 NVI
Cristo «nos ha sido hecho justificación» (1 Corintios 1:30) y, recibiéndole a Él, tenemos la justificación, y no de otra manera. La fe hace posible que Dios nos impute (abone en cuenta) Su justicia, como en el caso de Abraham (Romanos 3:22, 26; 4:3, 5 y 22; Gálatas 3:22-26). Somos justificados por la gracia de Dios, que es el origen de la bendición (Romanos 3:24); por la sangre, que es su base (Romanos 5:9), y por la fe, que es el medio (Romanos 5:1).
La justicia no es una mera declaración legal de nuestra nueva posición ante Dios, sino que es una obra vital, que supone nuestra unión espiritual con Cristo, de modo que la justicia recibida ha de producir sus frutos en nuestra vida (Filipenses 1:11).
Ver los siguientes videos:
Profundizar en la doctrina de la justificación por la fe leyendo el siguiente material:
La justicia de Dios en la justificación, ensayo de de Thomas Schreiner que se encuentra en el sitio web Coalición por el Evangelio.
La doctrina de la justificación, serie de Tabletalk que se encuentra en el sitio web de Ministerios Ligonier.
La justificación: ¿qué es y qué hace?, artículo de Matthew Leighton que se encuentra en el sitio web Coalición por el Evangelio.
La doctrina de la Justificación, ensayo de Philip Eveson que se encuentra en el sitio web Coalición por el Evangelio.